En la vasta y desolada Pampa del Desierto de Atacama, a un costado de la Ruta 25 que conecta Antofagasta con Calama, se encuentra un lugar que susurra historias de dolor y olvido: el Cementerio de los Apestados. Este camposanto, también conocido localmente como el «cementerio de los niños», es un mudo testigo de las devastadoras epidemias que asolaron las oficinas salitreras a principios del siglo XX.
El Azote de las Epidemias
Entre los años 1903 y 1920, la región salitrera fue golpeada por una serie de pestes, principalmente la peste bubónica (transmitida por pulgas de ratas que llegaron en barcos como el SS Columbia) y la fiebre amarilla. La falta de condiciones sanitarias adecuadas en los asentamientos pampinos provocó que estas enfermedades se propagaran con virulencia, afectando mayoritariamente a la población infantil.
Ante la crisis sanitaria, se decidió inhumar a los fallecidos lejos de las poblaciones para contener el contagio. Así surgió este cementerio, como una medida desesperada para separar a los «apestados» de los vivos.
Un Paisaje de Tumbas Pequeñas
El cementerio es único en Chile por su singular población: la mayoría de las tumbas son pequeñas, un desgarrador recordatorio de la infancia perdida en la pampa. El paisaje es desolador, con cruces de alambre retorcido y maderas antiguas carcomidas por el tiempo y el salitre.
La naturaleza árida del desierto de Atacama y la composición salina del suelo han ayudado a conservar algunos restos, aunque el lugar ha sufrido el saqueo y el abandono a lo largo de las décadas, dejando ataúdes y fragmentos de tumbas expuestos en la superficie.
Memoria Colectiva y Olvido
Hoy, el Cementerio de los Apestados permanece visible desde la carretera, cerca de la extinta oficina salitrera Pampa Unión. Es un sitio que evoca la dura realidad de la vida en la zona salitrera y la vulnerabilidad de las familias trabajadoras. La historia de este lugar pertenece a la memoria colectiva del norte grande, arraigada en esas cruces sin nombre en medio de la nada.
Es un destino frecuentado por quienes buscan historia y misterio, un testimonio silencioso de una tragedia sanitaria y social que marcó la región de Antofagasta para siempre.









